jueves, 10 de julio de 2014

Un poco de miedo y asco

Llegaron para quedarse, no son nuevos, vinieron desde el Norte para arrasar nuestras tierras y no dejar nada más que miseria. No se presentaron, no tenían educación ni gentileza. Cambiarán de rostro siempre que lo vean necesario pero no por ello serán una persona diferente. Así es la cara de hoy, ese tipo que no sabe sonreír. Resistir, permanecer, ese es el objetivo primordial. Pero yo he visto su verdadero rostro, por casualidad. Recuerdo el día que estuve dando vueltas por aquel enorme edificio en funciones, podría decir que me perdí, pero no es verdad. Para ser exactos, me esforcé mucho en perderme hasta que me encontré en un pasillo lleno de puertas. Lo vi entrando en una de ellas, abrió la puerta como si estuviera buscando algo y nada más asomar la cabeza volvió a entrar. No se si realmente era un señuelo para cazar a una nueva presa, pero lo cierto es que yo estaba allí y me dirigí directo. Abrí la puerta y ahí está él, con sus ojos perdidos y la sonrisa de medio lado, reflejo de un alma absolutamente torcida. Tras unos movimientos de cabeza un tanto espasmódicos lo pude ver, vi lo que había allí, en el fondo de esos ojos bobalicones se encontraba una fiera, una llamarada de puro odio y dolor, el mismo que le habían infringido todos los idiotas abusones en el patio del colegio, en los pasillos del instituto, en las reuniones de partido, en los vestuarios deportivos, en los juegos infantiles. Se dio cuenta, como no, que yo acababa de ver el lado auténtico de la moneda y de golpe estiró la espalda, y en su cara noté un brillo distinto. Y fue allí, en ese preciso instante cuando me dijo: ERES MÍO.  Salí de allí corriendo, recordando antiguos miedos que no recordaba desde que las sombras de mi cuarto poblaban las paredes cuando aún era un chaval y sólo una sábana me protegía. Me dijeron que me alejara un tiempo de esos asuntos, que fuera una sombra y pasara desapercibido, pero no pude. Seguí investigando, rebuscando algunos papeles y preguntando aquí y allá por nuestro querido amigo. Así ocurrió, alguien me comentó en un bar cercano a los leones que nuestro amigo había participado activamente en el mito de los baños de la Fnac, de ahí que se hubiera dejado la barba y usara las gafas como la abuela de Caperucita, en la mitad baja de la nariz. Sabía que había algo más, no era tan buen actor. Aquello no era sólo disimulo. Sí en el fondo de sus ojos se divisaba aquella llamarada el resto parecía confeccionado con piel de camaleón. No llegué a darme cuenta en su momento, pero no habían sido sus palabras las que provocaron mi estado de alerta y la consiguiente estampida. Era su aliento. Aquel olor a naranjas cuasi podridas me era familiar, yo había tomado aquel producto antes, no era algo nada natural. Jarabe para niños. Fui directo a mi botiquín privado y oliendo uno por uno los botecitos encontré el correcto. Fueron noches extrañas y divertidas, aquel jarabe te dejaba atontado. Una duermevela donde nunca sabes hasta que punto estas dormido o estas despierto.  Ahí fue cuando afloró a mi mente el porqué de su mejor arma, el silencio. Hacer como que nunca pasa nada y esperar a que todas las complicaciones pasen de largo, aunque sean para quedarse. En cuanto se da cuenta de que las cosas vuelven a una realidad, sea la que sea, una sensación de dolor le atrapa y se apura en tomar rápido otro trago. Alguien me contó que una vez fue invitado a su casa y pudo ver su arsenal. En el sótano de su palacio guarda cajas y cajas, prácticamente dos partidas completas de ese bebida de sabor amargo con regusto a naranjas a punto de pudrirse. Ese derivado de las benzodiacepinas se va acumulando en el cuerpo y cada vez produce más un efecto de letargo que aumenta con cada dosis. Pero esta es sólo una de las especies que podemos encontrar allí, en ese nido de ratas. Rodeado de yuppis con los bolsillos vacíos, algo que sólo hace que la gente se vuelva miserable me encontré con él. El hijo perdido de Rasputin. Viene de sobrevivir a los más fríos inviernos, pero todo lo que tiene de resistente lo tiene de mala ostia. Es viejo desde que nació, se las sabe todas. también le gusta la diversión, pero es más del viejo estilo, todo ese rollo del etiquetado y la vía legal no le va, es más de fumar Congo. Pero no tengo ni idea de donde lo consigue. Dicen que saldrá por la puerta de atrás, arrastrándose, pero sólo para seguir haciendo lo que mejor sabe hacer, sobrevivir. Ahora todos hablan de un nuevo tipo, pero la verdad es que aun no le he visto hacer nada. Mandó a unos cuantos a callar con disparos rápidos, pero a parte de eso y de enamorar a unos pocos, nada más. Muchos se centran en su forma de vestir, o sus gestos; como si eso fuera lo fundamental en ese desproposito. Si fuera así, nunca deberíamos fiarnos de alguien que se tiña el pelo, como ocurre con ciertas rubias, o con los que se dejan bello facial para disimular las taras de un pasado cargado de sustancias poco recomendables para ti, pero perfectas para otros. Creo que en parte tiene que ver con que la gente echa de menos a alguien realmente expresivo, realmente carismático. Algo así como el Enano, ahí residía la quinta esencia de la comunicación no verbal, una suerte de bestia liberada entre corderitos a la luz de la Luna, y en su cabeza un único pensamiento como luces de neón rojas parpadeantes: SANGRE.  Los demás son todo un quiero y no puedo.   Visto lo visto solo puede añadir que preguntes a quien preguntes los radicales siempre son los demás, los locos siempre son los demás, los idiotas siempre son los demás. Todo ese asunto de quién pinta, quién figura, que cara sala, etc. Es puro hedonismo barato, la cutréz supina de que todas sepan quién eres y nadie sepa quien eres tú. La inmensa tontada de creer que uno es más por recibir más miradas que le conforman, cuando todo el mundo sabe que lo sobredimensionado se desdibuja.  Homenaje a Hunter S. Thompson

viernes, 10 de enero de 2014

Da igual todo lo demás

Si no lo sufres no lo entiendes. Si no lo vives no lo muerdes. Es el precio a pagar. Es una nueva historia y en parte la de siempre. Es el camino de siempre, pero de otra manera. No hay nada nuevo, pero ahora en parte temes. Es la hora de los gigantes y solo eres un enano que han bajado de sus hombros. Sabes que solo es un instante, que no te importa, que solo piensas en como estará, porque si algo tienes claro es que no quieres que lo pase mal. Crees que vas a volverte loco, porque no hay manera de dejar de pensar en eso. Da igual todo lo demás. La quieres.