martes, 3 de diciembre de 2013

Cenicero

Entró suave el humo, era mentira aquello de que toses la primera vez, tontadas de películas. No lo disfruté del todo, pero fue el primero, marcó un precedente, un antes y un después. Claro que no fue el último, al contrario, fue el primero de muchos más, en buenas ocasiones, en malas ocasiones, algunos liados, algunos sin filtro, otros con filtro, otros sin querer, cortos o largos. Pero siempre tenía algo parecido, algo como la primera vez, el humo emanado, el dulzor amargado al desprenderse de la boca, la incandescencia, (…). Ahí está, en tu mano, se lo que viene ahora, ya no tengo miedo, pero eso no impide que duela menos, acabas de terminar con todo y ahora toca apagarlo, en mi corazón.

Buscando señales

Siempre he escuchado comentarios sobre que no se puede ganar siempre, pero al menos podría ganar una vez. Sólo una. Por recordar lo que se sentía. El temblor de los huesos me despierta en mitad de la noche. He rebuscado en la basura un segundo de gloria y fui incapaz de ver que allí era imposible que apareciera. Lo decía aquella canción que desarmó el viejo haiku: “así que si hoy amaneces, y los pies te están doliendo, es porque estuviste toda la noche caminando por mis sueños”. Probablemente no sea la chica más guapa del mundo, pero realmente no le hace falta. Igual solo confundo amabilidad y buenas maneras con otra cosa. Me dijeron: “busca señales”, pero siempre que lo hago me acabo perdiendo, sea cual sea el camino, igual porque en otro tiempo encallé siguiendo la constelación de otros lunares. A veces quiero quedar como un gran tipo, muy digno, muy elegante (en esa definición tan amplia que manejo de elegancia), la realidad es que mis manos quedan muchas veces guardadas en los bolsillos, que dudo hasta el último segundo, siempre pienso que no es a mi a quien miran, temí fracasos y me retiré siempre a tiempo. Mi cobardía mata toda posibilidad.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Domingo, 14:10

No recuerdas como fue, pero por la mañana la ropa estaba por el suelo de la habitación, el pantalón del pijama puesto del revés, las manos ateridas, la cabeza en otro planeta. Te asientas un poco, bebes otro poco para arrancar y dudas si continuar el desastre de anoche o parar en seco. Revisas si has sido demasiado estúpido usando el teléfono, a quien llamaste, a quien escribiste y el que. Parece que todo el mundo te sigue hablando y lo dejas correr, aunque sabes que no estuvo bien. Atas cabos, y recuerdas a ese tipo al que solo hace juego con su cara unos nudillos afilados, pero siempre hay algo que se escapa de tus recuerdos. Te arrastras al otro lado de la casa, literalmente, piensas si hiciste mucho el ridículo o solo lo de siempre. Ejercicios taxonómicos de rebobinado. Expulsar medio estomago en el baño, por arriba o por abajo y con ello se vayan las ganas de casi todo. Y llegas a la conclusión de que igual nunca estas en el verdadero lugar donde quieres estar.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Sin interés

Hay días que mi pena se vende a tres euros la garrafa. Fue cuando el médico me dijo que aquello no andaba bien, y yo me reí en su puta cara. Pero en realidad eso no venía al caso. Andaba yo hablando con mi botella de cuestiones trascendentales y llegué a la conclusión de que nada tenía demasiado sentido. Lo mismo que pasó cuando mordí su oreja y la hice sangrar en plena descarga de material genético sobre su vientre acelerado. Aunque en realidad esto tampoco era lo que yo quería contar. Me mira a través de su máquina para encadenar fotos ese tipo con cara de sabiondo, nunca salgo favorecido pero me gusta ver como me ven los demás, hasta que hago un ruido raro con la boca o un gesto tonto y quiero destruir todas las pantallas del mundo. Mierda, se me ha vuelto a ir. Agarré su brazo y ella metió la mano dentro de mis pantalones, fue cuando supuse que quería algo más que hablar conmigo. En dos segundos la tenía sin ropa contoneándose enganchada a mí. Ya, eso no era tampoco, pero creo que no interesa nada de lo que digo a nadie, puede que ni a mi.