domingo, 1 de diciembre de 2013
Sin interés
Hay días que mi pena se vende a tres euros la garrafa. Fue cuando el médico me dijo que aquello no andaba bien, y yo me reí en su puta cara. Pero en realidad eso no venía al caso. Andaba yo hablando con mi botella de cuestiones trascendentales y llegué a la conclusión de que nada tenía demasiado sentido. Lo mismo que pasó cuando mordí su oreja y la hice sangrar en plena descarga de material genético sobre su vientre acelerado. Aunque en realidad esto tampoco era lo que yo quería contar. Me mira a través de su máquina para encadenar fotos ese tipo con cara de sabiondo, nunca salgo favorecido pero me gusta ver como me ven los demás, hasta que hago un ruido raro con la boca o un gesto tonto y quiero destruir todas las pantallas del mundo. Mierda, se me ha vuelto a ir. Agarré su brazo y ella metió la mano dentro de mis pantalones, fue cuando supuse que quería algo más que hablar conmigo. En dos segundos la tenía sin ropa contoneándose enganchada a mí. Ya, eso no era tampoco, pero creo que no interesa nada de lo que digo a nadie, puede que ni a mi.
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