martes, 3 de diciembre de 2013

Buscando señales

Siempre he escuchado comentarios sobre que no se puede ganar siempre, pero al menos podría ganar una vez. Sólo una. Por recordar lo que se sentía. El temblor de los huesos me despierta en mitad de la noche. He rebuscado en la basura un segundo de gloria y fui incapaz de ver que allí era imposible que apareciera. Lo decía aquella canción que desarmó el viejo haiku: “así que si hoy amaneces, y los pies te están doliendo, es porque estuviste toda la noche caminando por mis sueños”. Probablemente no sea la chica más guapa del mundo, pero realmente no le hace falta. Igual solo confundo amabilidad y buenas maneras con otra cosa. Me dijeron: “busca señales”, pero siempre que lo hago me acabo perdiendo, sea cual sea el camino, igual porque en otro tiempo encallé siguiendo la constelación de otros lunares. A veces quiero quedar como un gran tipo, muy digno, muy elegante (en esa definición tan amplia que manejo de elegancia), la realidad es que mis manos quedan muchas veces guardadas en los bolsillos, que dudo hasta el último segundo, siempre pienso que no es a mi a quien miran, temí fracasos y me retiré siempre a tiempo. Mi cobardía mata toda posibilidad.

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