lunes, 2 de diciembre de 2013

Domingo, 14:10

No recuerdas como fue, pero por la mañana la ropa estaba por el suelo de la habitación, el pantalón del pijama puesto del revés, las manos ateridas, la cabeza en otro planeta. Te asientas un poco, bebes otro poco para arrancar y dudas si continuar el desastre de anoche o parar en seco. Revisas si has sido demasiado estúpido usando el teléfono, a quien llamaste, a quien escribiste y el que. Parece que todo el mundo te sigue hablando y lo dejas correr, aunque sabes que no estuvo bien. Atas cabos, y recuerdas a ese tipo al que solo hace juego con su cara unos nudillos afilados, pero siempre hay algo que se escapa de tus recuerdos. Te arrastras al otro lado de la casa, literalmente, piensas si hiciste mucho el ridículo o solo lo de siempre. Ejercicios taxonómicos de rebobinado. Expulsar medio estomago en el baño, por arriba o por abajo y con ello se vayan las ganas de casi todo. Y llegas a la conclusión de que igual nunca estas en el verdadero lugar donde quieres estar.

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