viernes, 29 de noviembre de 2013

Nada que reprochar

Puede que sea demasiado crudo decir que soy el último hombre amable. Me corroen demasiadas cosas, rezo por la última copa, mato por según que caderas. Jamás he aceptado las reglas del juego, y claro, siempre acabo perdiendo. Ya no se si me da igual o si quiero matar por ello. Tal vez son demasiadas ocasiones perdidas, tal vez son universos en los que quiero entrar sin llegar a comprender bien. Maldición de aprendiz de explorador. Nunca sabré si era por mi por lo que iba al baño a pintarse los labios, no sabré si quiso que la acompañara tan lejos a ver un extraño documental que no se que querría explicar. Puede que no me importe si estuviera contigo, puede que no me importe si me dijeras de ir contigo aunque después yo dijera que no. Lo se, no se mostrar la mejor de mis caras, casi nunca, o puede que todo sea mucho más simple, que yo no te interese lo más mínimo. Nada que extrañar, nada que reprochar.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Shhhh

Hay lugares especialmente sórdidos, como el bar del aeropuerto, como el puticlub de una carretera secundaria, como mi habitación los domingos por la mañana. Pero shhhh, lo mejor es guardar silencio, sonríeles a todos, no vaya a ser que piensen mal, no vayan a pensar que estas triste, que no quieres soportar un gramo más de esta latencia vibrante llamada vida. Te arrastras de la cama al sofá, te pones una copa, pones un disco, te haces una paja, todo a oscuras, porque no quieres ver el reflejo de tu propio cuerpo haciendo esas cosas, aquello sería mortal. Pero shhhh, disimula un poco, ¿que haces mostrando esa clase de sentimientos de pensamientos? ¿Acaso estas loco? Nadie quiere juntarse con un triste, nadie quiere ver tus tormentas eléctricas provocando pequeños ataques al corazón en tus entrañas, siempre tambaleándote, siempre al borde de la caída. Pero shhhh, ellos nunca están tristes, nunca sienten lo que tú, siempre están felices porque su vida es totalmente plena, porque siempre saben lo que quieren y como lo quieren, no dudan y no padecen, esa es la verdadera felicidad, así que cállate de una vez y sonríe.

domingo, 24 de noviembre de 2013

sábado, 23 de noviembre de 2013

Comunicando...

Ahí tienes mi número, pero recuerda, ese no es el teléfono de la esperanza. Tampoco estoy buscando mi salvación. Pero ya que lo tienes úsalo. Aunque si, puedo entender que la gente coleccione cosas inútiles, yo lo hice durante una buena temporada, pero terminas dándote cuenta que estas perdiendo un tiempo precioso para otras cosas. Entonces llega un día donde ves todo ese montón de chatarra que no vale para nada y llenas bolsas y bolsas de basura, dejándote la espalda de cargar toda esa mierda. Igual conservas algo, una parte, pero eso no tiene nada de especial, así parece que todo aquello valió para algo. Un autoengaño más.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Lecciones de moderación

No se si alguien lo puede entender pero me duelen las victorias. Ahí estoy yo, con todos mis fantasmas, sean del tipo que sean. Pienso en como se sentirían ellos con lo que hago. Si pudieran verme. ¿Pero quien soy yo para hablar por ellos? Puede que les pareciera una puta mierda. Tampoco entiendo porque a veces quiero que la gente me entienda, que más dará. Porque no tiene sentido querer entrar en otras cabezas, ya tienes la tuya y no somos tan diferentes como nos hacen creer, si tu has sido capaz de generar ese pensamiento el resto también será capaz. Tu no sabes lo que son los andenes, lo que son los vagones y los trenes, tu naciste allí donde te querías quedar. Mientras tanto yo voy viajando sin moverme a ninguna parte y moviéndome por todos lados.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Madeja

A veces cuesta demasiado darse cuenta de las cosas. Simplemente no se sabe a donde se apunta. Era tan guapa como para amarla bien, era tan alegre como para soportarla. Pero algo me detuvo. Algo que está ahí, en mi interior, latiendo y quejándose como un viejo miura que casi no puede tirar de nada. A veces cuesta ver lo más evidente, lo que tienes delante, lo que te confronta. Me miró frente a frente, y es cierto, quise hacer mucho más de lo que hice. La miré, casi de manera violenta, y entonces supe que estaba ahí. Oculto, como un cáncer que no se detecta a tiempo, como un tsunami del que solo puedes mandar la alerta para que los equipos de rescate lleguen antes al lugar. No lo sabía, pensaba que sólo era la pena, la melancolía, el miedo, pero no, hay algo más en mis tripas, existe un nudo que no me deja hacer según que cosas. Algo que no me deja avanzar. Y ahora tengo los hilos enganchados a los dedos… ya eres mío.