sábado, 9 de noviembre de 2013
Madeja
A veces cuesta demasiado darse cuenta de las cosas. Simplemente no se sabe a donde se apunta. Era tan guapa como para amarla bien, era tan alegre como para soportarla. Pero algo me detuvo. Algo que está ahí, en mi interior, latiendo y quejándose como un viejo miura que casi no puede tirar de nada. A veces cuesta ver lo más evidente, lo que tienes delante, lo que te confronta. Me miró frente a frente, y es cierto, quise hacer mucho más de lo que hice. La miré, casi de manera violenta, y entonces supe que estaba ahí. Oculto, como un cáncer que no se detecta a tiempo, como un tsunami del que solo puedes mandar la alerta para que los equipos de rescate lleguen antes al lugar. No lo sabía, pensaba que sólo era la pena, la melancolía, el miedo, pero no, hay algo más en mis tripas, existe un nudo que no me deja hacer según que cosas. Algo que no me deja avanzar. Y ahora tengo los hilos enganchados a los dedos… ya eres mío.
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