martes, 30 de julio de 2013
creencias y demencias
Puede que a veces uno se empeñe en creer que somos discapacitados mentales, incapaces de afrontar aquello que surge a nuestro paso, para algunos solo son pruebas de un dios extrañamente benevolente. Dicen que el tiempo lo cura, yo solo creo que lo entierra, sobre todo si no afrontas las cuestiones fundamentales de una problemática y sus partes afectadas. Algunos hacen esa cosa tan divertida de simplificarlo hasta hacer una reducción al absurdo, tan absurdo que no suele tener nada que ver. Mi vertiente favorita es la que pretende hacer de eso algo gigantesco que siempre remite a problemas ulteriores, mayores e imposibles de resolver. Quizás porque aprendí a exponerme como cualquier malabarista de palabras, me hace resultar extrañamente franco y directo a los núcleos de los problemas, aunque ello conlleve el exterminio.
lunes, 22 de julio de 2013
Lumpen
Aun quedan los restos del veneno nocturno recorriendo el torrente sanguíneo mientras el cielo nublado descarga todo su contenido sobre el asfalto. Podría parecer amenazador pero la sensación que evoca es de calma. Con la boca en carne viva y un retazo del recuerdo de las curvas de aquella chica que te enseñaba las bragas por si la querías acompañar al baño. Mientras la cuadrilla del susurro canta sus viejas canciones, el resto bailaban ajenos a las miserias propias de la ciudad desperezándose. Hay dos chicas que se mueven con particular soltura, pero miran demasiado el reloj, así funciona el mercado laboral de los domingos por la mañana. Nunca entenderé porqué la mayoría de los dueños de este tipo de negocios son gordos. Hay un lenguaje secreto que todos saben, porque hay que saberlo si quieres conseguir aquello por lo que en parte has venido. Las conversaciones son toscas pero sinceras, pero solo cuando son entre nosotros. Al rato, tus ojos nublados se dan cuenta que todo aquello es una gran orquesta perfectamente sincronizada siguiendo el ritmo sampleado hasta que la luz acaba con el extraño sortilegio.
sábado, 20 de julio de 2013
Política de cuerpos ardientes
Quieres que lluevan bombas, arrasar ciudades, crear de la mínima chispa ignífuga el mayor de los incendios, que las presas exploten y los ríos se desborden, abrir la caja de los truenos y dejar que todo eso aflore, tsunamis, que la marea suba de tal manera que arrase todo, tornados y vientos huracanados, una lluvia de azufre y fuego. Lejanos planetas que colapsan, quasars de los que fluye una energía incomprensible para nosotros. Es la intrínseca violencia del deseo, algo propio de las leyes universales que nos pertenecen y vemos en todo lo que conocemos, una bestia que recorre todo el cuerpo y quiere únicamente ser saciada. Escucha de fondo el sonido del mundo viniéndose abajo, es tu cuerpo contra el mío. Nada más.
domingo, 14 de julio de 2013
Autorrencilla
La mañana se desprende con la resaca de un cuerpo casi roto a mi lado. Los uniformes dan toda la solemnidad que no requiere la personalidad. Los matices se diluyen y el visionario cae en el hueco de la tierra. Las caras flácidas muestran el mundo que se ha perdido corriendo en la línea de una mano hueca que lucha por albergar algo de lluvia. Todos los trucos son de escapista, como niños que juegan en los bajos de la mesa destartalada donde aun los padres toman licor y sacan trozos de carne de entre sus dientes. Arriba, en cualquier otro lugar, los supervivientes claman, incomprensión que bate las alas pero no se mueve.
martes, 9 de julio de 2013
Recuerdos de duro invierno
Déjalo sangrar, en algún momento tendrá que parar. Purificación medieval a cargo de tus malas artes y mis falsas esperanzas. Nada nuevo bajo este frío sol que no acaba de calentarme el corazón, por eso bebí anticongelante los domingos por la mañana. Nada de aquello sirvió para nada, mi boca sigue suspirando cada beso que no doy por darles salidas y que no se sigan acumulando. Lo peor no es que se los lleve el viento, sino que ni siquiera sabría a quien dárselos. Así que igual de marchito que cualquier cosa que intenta germinar con este entretiempo antártico enramo mi cruz con zarzas espinosas que no arden pero humean.
jueves, 4 de julio de 2013
Cuando la lluvia amenaza
Se puede oler la lluvia, al igual que se nota el flujo eléctrico sobre mi piel. Baja el aire de la montaña y choca con las nubes calurosas. Todo eso me produce dolor de cabeza. Veo pasar las horas de un día anodino, a la espera de acontecimientos que no terminan de atrapar, ya no hay nada ni nadie que me atropelle. ¿Dónde quedaron los choques frontales? Ahora solo hay mosquitos en el parabrisas. La risa amarga del borracho retumba en el patio de luces donde mi ropa tendida hace de bandera y los viejos tiran las colillas para que sus señoras no les digan nada. Aunque ellas callen, aunque ellas lo sepan todo. Riman mis dedos con tus pasos, pero de manera asonante, acompañado musicalmente por las canaletas que llevan el agua sucia de todos los servicios del vecindario. Estoy en pleno delirio de nube torrencial, pero nada frena las palabras, ni si quiera la pena de un instante roto por algún verso perdido rebotando en mi cabeza. Llueve sobre mojado y debería destender la ropa, pero me gusta que siga su curso. Hay gatos que trepan hasta la antena más alta para esnifar polvo de estrellas. Ahora me duele el cuello de tanto mirar al cielo. Caen las primeras gotas de lo que será un buen espectáculo de percusión sobre las chapas de acero de las chavolas de extrarradio. Cada uno en su sitio, con sus alegrías y tristezas, pero bajo la misma lluvia.
lunes, 1 de julio de 2013
Insuflando
Fluye por todo tu cuerpo mi polaridad invertida, esa que me atrajo hasta ti. El biorritmo pausado al que viajan mis electrones no los hace mejores ni peores. La velocidad a la que viajan es constante, pero no lo es como asimilan los cuerpos esas ondas. La Tierra se acerca al sol y la marea baja de otra manera. Tu bello se eriza, mis pies se enfrían. Los alisios simplemente están, no tienen un punto de partida, al igual que ningún viento. Supersimetría que choca con el principio de incertidumbre. Naces luchando por una bocanada de aire, pero ya posees esa carga eléctrica, esa que a veces creo ver en el brillar de unos ojos lúcidos y puros. No me los vuelvas a esconder. La melanina petrificada de mis dedos recorre tu espalda y te tiembla el cuerpo, paso el resto de la mano y noto tu pierna temblar. Somos una tormenta eléctrica en mitad de este desierto. Déjame traer la lluvia y que florezca la rosa de Alejandría en mitad de ti.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)