lunes, 22 de julio de 2013
Lumpen
Aun quedan los restos del veneno nocturno recorriendo el torrente sanguíneo mientras el cielo nublado descarga todo su contenido sobre el asfalto. Podría parecer amenazador pero la sensación que evoca es de calma. Con la boca en carne viva y un retazo del recuerdo de las curvas de aquella chica que te enseñaba las bragas por si la querías acompañar al baño. Mientras la cuadrilla del susurro canta sus viejas canciones, el resto bailaban ajenos a las miserias propias de la ciudad desperezándose. Hay dos chicas que se mueven con particular soltura, pero miran demasiado el reloj, así funciona el mercado laboral de los domingos por la mañana. Nunca entenderé porqué la mayoría de los dueños de este tipo de negocios son gordos. Hay un lenguaje secreto que todos saben, porque hay que saberlo si quieres conseguir aquello por lo que en parte has venido. Las conversaciones son toscas pero sinceras, pero solo cuando son entre nosotros. Al rato, tus ojos nublados se dan cuenta que todo aquello es una gran orquesta perfectamente sincronizada siguiendo el ritmo sampleado hasta que la luz acaba con el extraño sortilegio.
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