domingo, 14 de julio de 2013

Autorrencilla

La mañana se desprende con la resaca de un cuerpo casi roto a mi lado. Los uniformes dan toda la solemnidad que no requiere la personalidad. Los matices se diluyen y el visionario cae en el hueco de la tierra. Las caras flácidas muestran el mundo que se ha perdido corriendo en la línea de una mano hueca que lucha por albergar algo de lluvia. Todos los trucos son de escapista, como niños que juegan en los bajos de la mesa destartalada donde aun los padres toman licor y sacan trozos de carne de entre sus dientes. Arriba, en cualquier otro lugar, los supervivientes claman, incomprensión que bate las alas pero no se mueve.

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