domingo, 30 de diciembre de 2012
Naufragando
Quería que los mensajes de mis botellas llegaran a tus manos, allí se encontraba la verdad más absoluta que hay en mí. Así fui descorchando botellas, exprimiendo hasta la última de sus gotas de tóxico néctar. Los borrachos tienen la extraña capacidad de ser pedantes y cursis segundos antes de abrirse la cabeza contra la barra. Al final todos aquellos intentos de comunicación iban cayendo por el sumidero, filtrados en una suerte de hígado mental que hacía las veces de cerebro. Puede que fuera mejor, quedarse naufragando, la sal de la espuma de las olas entraba directa en las heridas. Así pasó el tiempo, el mar en calma, la brisa tranquila. A veces ansías volver a notar colmillos certeros en la musculatura perdida, como un miembro fantasma. A veces solo querrías no ser tu mismo.
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