sábado, 8 de junio de 2013
Spagueti Western
No sabes que estas en peligro hasta que entra por la puerta. Su mirada delata que la situación contiene una tensión subterránea que puede aflorar en cualquier momento. Manos rápidas, desenfunda sin que lo esperes y ya estas en el suelo sangrando. Recordando el polvo de todos los caminos recorridos, y sueñas con que al menos haya alguien como Katy Jurado, que llore ríos por tu alma despidiéndose de ese cuerpo que acelera su putrefacción. Ahora piensas en que tu caballo quedará para el arrastre y tus espuelas serán fundidas para hacer una bala que seguramente acabe en otro corazón. Habías dejado el nervio, la búsqueda de recompensas, demasiadas piedras en el camino, manos que se desgastan tras cada golpe de pala que abarca cada segundo. Al menos esperamos que Morricone nos de la épica final exaltando una vida absolutamente difusa. Ella dispara directa al corazón, sea de hielo o esté en llamas, pero siempre acierta. De nada vale encomendarse a la Santa de Muerte o a la Virgen de Guadalupe. Si la bala lleva tu nombre y te divisa, date por ajusticiado.
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