viernes, 4 de octubre de 2013

Olores, ardores, esperanzas, etc.

Olía a galletas recién hechas, a café bautizado con buen licor, a cenizas de cordón de San Blas, a arroz bien especiado. A salvación de domingo, a multiplicación de peces y panes y resurrección. Era mi hermana, mi amiga, mi salvadora. Llegar a la conclusión de que los domingos se hicieron para echarte de menos. La misma que vestía y calzaba aquellos vaqueros ceñidos y que rugía cuando algo la importunaba. Nunca me importó que no fuera mía, era mejor así. La quería total y absolutamente libre. De haberle negado eso le hubiera negado la misma existencia. Supestamente, era el gran amor de mi vida.

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