domingo, 29 de septiembre de 2013

ser quien se es (radiografia frente al espejo)

Su sonrisa era como el sol de los gitanos, era el momento justo en el que para de llover ligeramente, los rayos del sol tienen fuerza y brillan más que nunca, pero eso sólo dura un instante, un espejismo frágil, casi ridículo. Entonces las nubes vuelven a tomar el protagonismo, el cielo se cierra completamente, desaparece en un abrir y cerrar de ojos y empieza una gran tormenta, algo de proporciones bíblicas. Aun así, me considero afortunado porque me regaló, sólo a mi, sus miradas y su sonrisa antes de aquel vuelo transoceánico. Ella cruza el mundo y aquí llueve, nubes que podrían estar empujadas por la turbina del motor de ese avión para posarse sobre el tejado de mi casa. Es domingo, las gotas besan el cristal como yo no supe hacer con tus labios y suena la voz quebrada de Damien Rice. Me pongo una porno, pero no me excito. Me pongo una copa, pero la acabo tirando por el sumidero. Me duele la garganta, carraspeo, me duelen las manos, me faltas. Mis aproximaciones más serias acaban en estampida. Mis mejores conversaciones acaban en punto muerto. Tambaleo, puede que sean las turbulencias de un vuelo que no acaba de despegar del todo. Todo despega y yo me quedo. Planeo trabajar en una agencia de viajes y sacarle algo de partido a la situación. (…). Dramatizo y exagero. Es verdad que la deseaba, pero no tanto. Tanto es así que mis pensamientos enfilan diferentes caras, tanto es que acabo por no saber de quién hablo y vuelvo a lo básico, lo primero. Yo. Demasiado contento con lo que soy como para contaminarlo, ya no quiero a nadie, no como solía hacerlo. No me importa estar solo y no ver salida. Un año sin tener a nadie a mi lado. Adiós al nervio, bienvenida la pax.

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