sábado, 14 de septiembre de 2013

Trocitos

La resaca, el síndrome post coital. Mándame una grabación del ruido de tus bisagras al abrir y cerrar, muéstrame como crujes. Mándame un recuerdo de las esquinas desvencijadas de de tu alma. Fogón y candiles que hacen concretar la silueta de aquello que ya intuías. Luz que hace que la oscuridad sea mucho más oscura. Resalta, confirma, remarca. Es el después, la distancia, el análisis. En el puesto de la esquina hay una señora que vende cirios que se consumen demasiado rápido y figuritas de caramelo con la forma de Jesucristo. Ahí me puedes ver. Soy todos y cada uno de esos rincones. Esa señora tiene pensamientos de lujuria que retiene en su cabeza con todas sus fuerzas, por eso casi no habla, por miedo a que se desboquen. El caramelo es un pegote incomible, indigesto pero huele bien. Vende la esperanza que no tiene para ella misma. Ese rincón está ahí, dentro de mi ojo, si te atreves a mirar.

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