domingo, 1 de septiembre de 2013
Romancero
Entra el olor a lluvia, mientras el sol de los gitanos aparece tímidamente por un breve instante. Fugaz. Camino que recorre valles y montañas. Lunares que ondean al viento en tu cuerpo, desnuda, y las únicas lágrimas son las dos gotas de plata que adornan a cada lado de tu cara. Rebotando a cada paso, hermoso baile a pesar del desorden. Toque y cante. Pero lo más importante es no perder el compás, sea el palo que sea. Belleza que atraviesa los barrotes como recuerdos en forma de rayos iluminando la mente, claros y relampagueantes. Cantará el gallo un par de veces antes de que te deje en paz. Solo un par. Mi maleta está hecha siempre, preparada para correr, y en la cartera un billete para ninguna parte con fecha abierta. Mientras me alejo pienso, inevitablemente, sabiendo que es tan ridículo como estúpido, con quien andarás ahora. En el pueblo me miraran porque saben que no tengo rumbo, y en la noche los quejidos retumban más con la luna llena y un candil que no me dejan ocultarme. Para mí el relente, para que me traiga versos a medias que den sentido a los recuerdos.
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