viernes, 4 de enero de 2013
El vacío
Todas las luces de neón que ocultaron las lágrimas que caían por la cara. Despertar en tierra de nadie, en medio de la riada del deshielo que ensancha los cauces. El rimel emborronado y la pintura de labios esparcida por la almohada. La sonrisa bobalicona de aquel que te poseyó durante un rato y no supo ver todo lo que realmente había allí. Las ojeras por costumbre, instaladas, el pelo fruto de los remolinos de un sueño intenso. Entonces fue cuando yo desperté y vi que nunca había estado nadie.
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