A media noche, cuando los borrachos gritan y los asesinos se deshacen de los cadáveres, cuando la Luna está más alta y los cubos de basura recién vaciados soportan la fina lluvia sobre sus cabezas de plástico naranja. Cuando los críos juegan con la ouija y los televidentes cambian de canal para ver al siguiente adivino. En ese momento, cuando los pecados afloras, me echaras de menos, solo un poco, y yo casi no sabré ni quien demonios eras.
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