lunes, 8 de abril de 2013

Putifierus

Sigo a esa chica que ande delante de mí, sigo el ritmo de su culo. Ella es fea pero lleva bien el compás, justo el mismo que tiene la canción que escupe el altavoz de la radio de tu coche. La misma canción que sonaba la primera vez que vi sus tetas liberadas rebotando frente a mi cara. Rozando nuestras pieles, dolía pero me gustaba. Se te perdían los ojos en el infinito y besabas con tanta fuerza que dolía, pero me gustaba. Rechinaba el somier por culpa de tus caderas enloquecidas. Joder, estabas gorda, pero no me importaba. Dejabas que te golpeara con la mano abierta y el grito de dolor se mezclaba con la respiración acaloradas y los gemidos que intentabas contener. Así seguimos, sudando, golpeando, gritando gimiendo. Tanto, que se volvió escuálida, se volvió rutina. Ella se volvió idiota frente al espejo y yo me cansé de ver tan poco de todo. Habíamos follado hasta consumir el deseo.

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