viernes, 8 de febrero de 2013
Cruzado mágico
Desperté aquella mañana con una sensación un poco rara, mi mano con forma cóncava sobre tu pecho lo indicaba. No fue aquella desnudes sino la forma de mi mano lo que me llevó a recordar. Volví a ver en mi cabeza las veces que destrocé un sujetador con mis torpes manos. Los arranqué fruto de la desesperación de ver, morder y palpar lo que se encontraba tras ellos. En una ocasión, la del cruzado mágico, fue una mezcla de ansias y hacerme listo “si, si, claro que se quitarlo” mientras la mitad del cierre volaba por la habitación. Disfrutar de lo que me encontraba, aunque ya supiera en ocasiones como eran, me encantaba. Recorrer con mis manos aquellos cuerpos temblorosos, apretar esos pechos con la rabia del momento, lamerlos, morderlos. Aprender de la particularidad de sus sabores, formas y tamaños. Si tenían marcas, lunares o simetrías. Comprobar si era real lo que se insinuaba. Ahí residía el secreto, desvelar la realidad tras el manto de la incertidumbre.
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