domingo, 3 de febrero de 2013
Protegido
Se terminó hasta el apetito sexual, voy bajando la cuesta pero siempre paso de largo tu casa. Me doy cuenta y sonrío. Punto final, punto de partida. Los jardines no son más que añoranza del paraíso perdido. Sólo busca el que está perdido. Regalé mi serotonina, tiré de manual y me acorde de las lecturas en los posos del café y de la búsqueda de la verdad en el vino. Pasaron dos instantes, puede que ninguno, y noté toda la lisergia y toda la ponzoña del mundo y vi como estaba tan lejos realmente de todo aquello. Durante años pensé que era fundamental aprender a vivir con lo mínimo y lo conseguí, mi casa era un estercolero, mi nevera una desolación y mis manos dos muñones; viví al día y sobre todo a la noche, y me pasaron cosas tan increíbles que nadie termina de creerse. Ahora, un poquito más dentro del redil, puedo tocar fondo y reírme, ahora al menos me tengo a mí. Y hay gente que cuando lo sabe, que sabe todo esto, siente miedo, porque no podrán destruirlo.
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