Un paso tras otro, sinuosa e incesante. Cada vez que avanzaba un poco más parecía estar aun más hermosa, y cada vez estaba más lejos. No importaba su nombre, su mirada, lo larga que tenia las piernas o lo bien que movía el culo. Me quedé con aquel ritmo sincopado de sus andares para marcarlo a fuego en las cuerdas de la guitarra. Ahora inventaré una historia en la que ganaré todos los combates y la batalla final. Y la verdad, tampoco estaba tan buena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario