sábado, 4 de mayo de 2013

A la contra

Ya los brazos no dan más de si. Hace tiempo que los calambres me impiden ser aquel gran nadador que nada temía. Aquel que lucía sus movimientos frente a las miradas admiradores de todos los presentes. La verdad es que no ha cambiado nada demasiado, pero es demasiado tiempo plantando batalla. Es verdad que nadie me mandó. Y siempre podría echarle la culpa al destino en pleno ataque de cobardía. Es cierto, nunca fui el número uno, tampoco lo pretendía. Pero no se puede nadar contra la corriente con alguien de la mano, pero si con alguien a tu lado. Como cuando niño nadaba con mi padre hasta las bollas y veíamos los percebes que creía en la parte sumergida. Crecí, joder si lo hice. Metí la cabeza en todos los huecos que pude, buceando en todos los rincones, por oscuros que fueran. Y vi cosas que dejaron mi alma torcida. Un día, en mitad de alguna parte se hizo de noche. Pasaron muchas lunas hasta que aquello se disipó. El secreto, aprender a vivir en la penumbra, y mientras ir esquivando peligros. Aquello sirvió para saber que eran espejismos y que no, en la noche más oscura sólo el tacto te guía. Pero antes de pasar esa página haya que recordar: la noche está en ti, y en ti se queda. Entre soles y lunas, seguí remando con mis brazos. Conocí unas aguas tranquilas y cálidas, pero se volvieron mares de la quietud. De ellas salté a las turbulencias, cuando quise volver a la tranquilidad no pude encontrar el camino de vuelta. Así que avancé, como si el diablo me persiguiera para robarme el alma. Lo que yo no sabía es que también habita en los sueños. Allí me encontró. Me miró a los ojos y cuando vio que no torcía mi mirada me dejó marchar. Y así me encuentro, más viejo, más cansado, con heridas y cicatrices que me impiden olvidar. Un poco cansado de estar solo. Arreglando los errores de no saber leer las señales que el cielo a veces me mandaba. Pero tengo mi rosa de los vientos marcada en la piel, y se que mi camino, más rápido o más despacio, es donde me hago. En mi copa siempre hay un brindis para los ausentes.

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