martes, 28 de mayo de 2013
Radiografía (I)
Se llamaba V y sabía como escudriñar una mirada en el parachoques delante de su cuerpo. Hacia a tu mente volar de rama en rama. Tras sus gafas de concha escondía un pasado lúgubre del que nadie podía sospechar. Tenía la extraña facilidad de hacer desaparecer cualquier cosa que cayera en sus manos. Así un día fue mi ilusión de tenerla lo que jugueteaba por sus dedos. No me malinterpreten, era adorable, puede que demasiado, no había maldad en nada de lo que hacia, pero al mismo tiempo podía helarte las entrañas. Sin darse cuenta, sus ojos bizqueaban y eso aportaba a la conversación un punto nervioso estresante. La vi un día saliendo del metro y supe todo lo que tenía que saber. Dulzura condensada. El mundo estaba acabando con ella a golpes de desencanto. No la he vuelto a ver, espero que siga igual, destrozando los nervios con ese savoir faire de buenas intenciones y modales toscos. La chica que podía curar toda la mala sangre de los hombres perdidos.
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